06 Feb Quiero llevar las riendas de mi vida! Gestalt, un caso práctico
Como decía Laura Perls, el objetivo de la terapia es crear el apoyo necesario que nos permita reorganizarnos y enfocar nuestra energía con otra perspectiva.
A menudo los clientes hacen demandas que tienen que ver con insatisfacción y dificultades para afrontar los retos vitales. Como el caso de la Nona*, treinta cinco-años, felizmente casada y embarazada de su segundo hijo; una profesional de éxito.
Ella no podía comprender cómo a pesar de que, en apariencia, lo tenía todo, no paraba de llorar.
Corporalmente me llegaba muy tensa, con las barras pulsadas y los hombros protegiendo una caja torácica que parecía pequeña y frágil. Cuando se relajaba un poco y empezaba a soltarse, empleaba a menudo la frase «me da mucha vergüenza decir esto».
Fue un proceso de cierta dificultad. Al principio, negaba continuamente cualquier síntoma de disfrute y de deseo. A pesar de las continuadas demandas, por mi parte, de que cambiara sus «debería» por «quiero» o «me gustaría», no había manera. Vivía con un patrón de exigencia que la encorsetava excesivamente.
Como terapeuta, más allá de su plástica corporal, la intuía una mujer fuerte. La acompañaba a volver al cuerpo una y otra vez para que sintiera lo que le pasaba en el pecho y el plexo. A menudo me devolvía explicaciones complejas de resfriados y enfermedades que yo intentaba acortar con la total aceptación de sus dificultades.
Las clases de movimiento también la ayudaron a conectar con su cuerpo. A pesar de las dificultades, me emocionaba darme cuenta del compromiso que tenía con ella misma.
Después, vino la temporada del tapón en el cuello y las ganas de llorar. Vivía una sensación profunda de querer expresar algo pero no sabía qué.
El aprendizaje del tráfico por el vacío y el no saber.
Muchas ratos de presencia y temblores. En aquellos momentos en que ella se sentía tan perdida yo sabía que estaba construyendo nuevos espacios, nuevos permisos. Que un nuevo orden interno, más amplio, estaba en evolución.
Un día -estaba de pie- me miró a los ojos y la vi muy cierta. Abrió el pecho y me dijo: Creo que mi vida hasta ahora ha sido una programación dirigida, no sé muy bien por quien…A partir de aquí quiero ser yo quien dirija mi vida.
Y como si se tratara de una fuente que comienza a brotar después de un período de lluvias, comenzó a tomar decisiones que se dirigían a sentirse satisfecha. Cerró el proceso poco después porque, me dijo, ya sabía dónde apoyarse.
* Nombre ficticio



