28 May De riesgos y huevos fritos
De riesgos y huevos fritos
En terapia es recurrente la demanda de encontrar un equilibrio entre la seguridad y la satisfacción con la vida que tenemos. Una polaridad presente en muchas personas y que es, a menudo, causa de dudas y sufrimiento.
Quizás eres de los que tiendes a adaptarte, a no arriesgar, a contentarte con lo que hay como una especie de destino en el que lo que tú quieres, no tiene demasiada importancia. Quizás te falta ilusión en la vida y aún así te resistes a salir de tu zona de confort porque “eso ya te lo conoces”. Lo sepas o no, te da miedo aventurarte más allá de los límites conocidos que te dan seguridad. Tu vida tiende a ser mecánica, previsible y rutinaria y con frecuencia pagas un precio que puede ir desde la insatisfacción, la queja o incluso la angustia.
En el otro extremo, quizá eres de los que te gusta cuestionarlo todo y puedes reconocer cierta adicción a las emociones intensas. Prefieres arriesgar y fantasear con un montón de posibilidades a la vez; te encuentras cómodo en lo inesperado, la aventura y el riesgo. Acostumbras a salir adelante pero a veces te encuentras con algún límite doloroso al que tampoco prestas demasiada atención. Quizás tampoco eres demasiado consciente del miedo presente en tu día a día porque ya te gusta vivir en contacto con la adrenalina. Te cuesta reconocer que muy en el fondo te gustaría transitar una vida más tranquila en la que, sin perder la sensación de fluidez, gestionaras tu vida con mayor responsabilidad.
Desconozco quién es el autor de la teoría del huevo frito. A mí me la contó una maestra de meditación hace ya un montón de años y la utilizo a terapia cuando aparece esta situación. La yema del huevo simbolizaría la zona de confort, de contención y seguridad. El espacio donde nos sentimos seguros y resguardados, cuatro paredes de una “casa” que nosotros vivimos como un flotador salvavidas. Una “casa” que no deja de ser ficticia y éste es también parte del problema. La clara simboliza el espacio de expansión y riesgo, donde podemos desarrollar nuestras ideas y nuestra creatividad.
La realidad es que, con grandes diferencias según caracteres y personas, todos oscilamos entre la yema y la clara. A menudo lo hacemos a trompicones, como resultado de un efecto reactivo o automático.
Si nos cobijamos en la yema, llega un momento que nos falta el aire, no le encontramos sentido a la vida, nos deprimimos y la misma inercia nos empuja a dar un salto más o menos inconsciente hacia la clara de huevo para compensar esta insatisfacción sin saber demasiado cuál es el objetivo. Cada uno conoce su especialidad: deportes de aventura, compras compulsivas, provocación de conflictos, juegos de azar, cambios estéticos, viajes exóticos…
Pasado un tiempo nos cansamos, contactamos con una difusa falta de sentido y nos sentimos inseguros y poco arraigados. Crece en nosotros un deseo grande de seguridad y confianza y volver a la yema nos parece la mejor de las ideas. Y volvemos a empezar.
La situación, para caracteres más expansivos, podría explicarse con matices diferentes: la vida está llena de una actividad bulliciosa con situaciones de riesgo que tenemos la habilidad de ir trampeando sin saber demasiado cómo. El contacto con la adrenalina y las mariposas en el estómago nos hace sentir vivos y esto da sentido a la vida. Pero quizás cuando llegamos a casa necesitamos aislarnos con series o juegos virtuales en los que lo “controlamos todo”. Quizás no dispongamos de tiempo para las relaciones cercanas ya que nos pueden hacer demandas que no tenemos energía para sostener. Sólo deseamos evadirnos.
Quizás son casos algo extremos, quieren señalar tendencias. ¿Te reconoces?
La persona que me explicó la teoría del huevo frito nos decía que merece la pena explorar la zona de contacto entre la clara y la yema. Una especie de equilibrio en el que sostenerse vivo, despierto y en contacto con nosotros. Una manera de transitar y gestionar el límite con conciencia. A mí me parece interesante. ¿Tú que piensas?

Autora
Rosa Montells
Terapeuta Gestalt con quince años de experiencia, miembro de la Asociación Española de Terapia Gestalt (AETG). Instructora de Movimiento Consciente Río Abierto. Profesora de Cocina Natural y Energética. Licenciada en Farmacia.