buscant la pau interior

La Paz interior

Recuerdo cuando perseguía la Paz interior, la «maldita Paz interior» como solía llamarla. Me salvaba la ironía, pienso ahora. Me encontraba inmersa en una lucha entre lo que sentía y lo que me parecía que debía sentir y ni siquiera podía reconocerlo. Vivir en Paz y tranquila, es un tema que emerge a menudo en terapia con los pacientes y también con la familia y amigos de confianza.

Estos días, escuchaba un audio de Nick Arandes sobre la Paz interior y me emocionaba escucharlo poner las palabras a algo tan sencillo y tan difícil a la vez. Me sorprendía darme cuenta como podía comprender lo que decía y, al mismo tiempo, reconocer la dificultad de ponerlo en práctica.

Se acerca Navidad y, así del tirón , emerge aquello de la «Noche de Paz» con un significado distinto. Quizás por las circunstancias que estamos viviendo, me digo que me gustaría tener como objetivo vivir todas las noches en Paz y no sólo la de Navidad. Se ha ido incrementando el deseo de explicar lo que entiendo por «estar en Paz» con mis palabras de ahora; por aquello de si acabo de integrar algo y, de paso, por si le resuena a alguien más y le sirve.

Vamos allá:

De manera sencilla, diría que he descubierto que la Paz interior habita en los espacios sin juicio. Que, en realidad, no tiene nada que ver con lo que pasa o deja de pasar en la vida; con lo que tenemos o dejamos de tener. Parece sencillo, ¿verdad? Pues no lo es en absoluto.

Nos resulta difícil porque a menudo pasamos por alto el “yo” que percibe, interpreta y, a causa de ello, experimenta inquietudes y estados emocionales. No nos damos cuenta hasta qué punto nos identificamos con él y perdemos objetividad. No hay manera de reconocer lo que sencillamente ES si estamos identificados con este «Yo».

Cuando emergen circunstancias que etiquetamos como «desfavorables», la mente llega presta a proveernos una «lectura» de lo que está pasando. Esta lectura es perfectamente consecuente con nuestra especial manera de entender las cosas. En cuestión de instantes interpreta, juzga, aconseja y proyecta diversas posibilidades de futuro. Es muy rápida y muy diestra.

Esta “ayuda” no es gratuita. Se encuentra impregnada de pasado y de futuro y nos saca del presente de manera abrupta. Fuera del presente, en realidad, no existe nada pero ese “yo” ilusorio es adicto a sus fantasías, predicciones y cálculos de probabilidades y se nutre de todo esto para mantener su consistencia aparente.

La Paz interior emerge en el momento preciso en que respiramos y la mente observa. Esto es descansar en Paz. Aunque este momento conviva con emociones y sentimientos, si somos capaces de observar la mente, no hay espacio para el juicio. Entonces nos encontramos con la Paz.

De hecho, esta paz puede tener lugar en cualquier momento. No es necesario explicarnos que llegará cuando meditemos. Puede acompañarnos en nuestras tareas cotidianas; es suficiente con observar cómo la mente se quiere involucrar en el juego del juicio y decidir observarla en lugar de dejarnos arrastrar. A mí me ayuda adoptar una actitud de curiosidad.

En lugar de esto, solemos convivir con una maraña incesante de juicios sobre que lo que sentimos o lo que supuestamente debería estar pasando. Una mente en continua evaluación de resultados o respuestas. En busca de algo exterior a nosotros que nos permitirá descansar en paz cuando lo consigamos. Y eso ya lo sabéis, ¿verdad? Nunca llega. De este modo, la paz tiene poco espacio en nuestra vida.

No nos han enseñado a estar presentes, pero ciertamente es posible aprender.

Determinarnos a observar la mente cada vez que nos reconozcamos funcionando en automático. Con la curiosidad juguetona de descubrir cómo lo hacemos para engancharnos, y después, averiguar cómo evoluciona el juego y cuál es la dinámica. Mientras estamos observando todo esto, estamos en Paz.

Para acabarlo de arreglar, solemos hacer el juicio de que nos sale poco y mal y entonces, la frustración está servida. Pero podemos aprender a estar con ella e incluirla en nuestro repertorio de emociones a observar. Con el tiempo, va perdiendo fuerza y ​​se va consolidando la capacidad de observarla con presencia.

No es necesario que os creáis nada de todo esto, no es una teoría. Podéis intentar, si lo deseáis, descubrir como es en la práctica. Observar cómo os sentís cuando os rendís a lo que ES. Probablemente reconoceréis algunas resistencias al principio pero es una vía rápida a la experiencia del presente con lo que éste trae. Y aquí no hay sufrimiento.

Me parece escucharos decir que esto no es compatible con la vida que llevamos. No estoy diciendo que no queramos hacer determinadas cosas o dejar de tener planes: Cuando surja la inspiración, seguimos, pero realmente no es necesario enredarnos cuando la mente empieza a fabricar posibilidades de futuro (¡ay, el control!).

Recordemos traer presencia. ¡Esto ya es mucho! La experiencia se va dando y el futuro va tomando forma, pero no porque que se comporte de la manera que teníamos previsto. Abrámonos, aunque sea un poco, a la posibilidad que la vida puede  cambiar en cualquier momento, porque la experiencia humana es de cambio y movimiento,

La vida nos mueve y el problema nunca es hacia donde nos lleva sino si estamos viviéndola o juzgándola.

Que tengáis unas Navidades plenas de Alegría y Amor. Llenas de Paz y Esperanza. Y que, cuando estas fiestas terminen, podamos continuar en Paz.