Incertidumbre

Séptima cucharada: enfocando la incertidumbre

Enfocando la incertidumbre

Séptima cucharada de “Confianzamiento”


Intento avanzar entre fases de desconfinamiento, medidas de seguridad, normas poco claras y vacíos legales mientras estoy en una montaña rusa. Sé que tengo que estar informada para luego asumir mi responsabilidad y encontrar el sentido común imprescindible para decidir cómo avanzar, pero me resulta difícil.

He atravesado, creo, la fase de querer acurrucarme y esperar que todo esto pase. Ahora me encuentro acercando el pie a una zona pantanosa con la cautela de quien no sabe si el suelo le sostendrá el peso. Y abriendo los ojos para enfocar una realidad escurridiza y muy diferente a la que dejé atrás de forma repentina hace unas semanas. Me recuerdo que el futuro cercano no admite planteamientos sólidos e intento construir estructuras-comodín, que permitan puentes y adaptaciones.

A ratos me escucho decir en voz alta que todo esto es un desastre. De hecho, lo digo muy a menudo y esto me tranquiliza. Me noto el cuerpo semi-entumecido y me regalo las palabras: tengo miedo. Y respiro. También miro las personas que tengo alrededor con ternura: los de casa, los compañeros y los clientes. No quiero ahorrarme la tristeza de este duelo que me acompaña por lo que ya no vamos a vivir juntos.

Todo esto está aquí y hasta cierto punto también me tranquiliza reconocerlo porque me recuerda que estoy viva. Y esto me gusta. Al mismo tiempo, no quiero que estas emociones me distraigan demasiado de mirar la realidad que se está definiendo ahora.

Es momento de enfocarme allí donde se dirige mi energía, decidir cuáles son las cosas importantes. Y priorizar. Como una savia nueva en una primavera tardía, algo me empuja a mover arriba.

No sé cómo lo haré. Sé que quiero y eso es valioso, ahora. Ninguna certeza. Me apoyo en sentir la vida y en el «sí quiero». También en la secreta confianza de que poniéndome en marcha, iré comprendiendo. Y pongo el pie y avanzo.

Me recuerdo que lo que tengo delante es un desafío, pero no una lucha. No le quiero hacer un pulso a la realidad porque necesito toda mi fuerza para observarla y latir a su ritmo. Necesito reinventarme de nuevo. Nada que arreglar ni que corregir, sólo abrazar y comprender.

Todo esto tiene mucho que ver con la incertidumbre y el vacío. Son momentos de devolverle la dignidad al acto de respirar, con mascarilla o sin. Respirar, dejar descansar la mente, elegir la aceptación de la realidad que nos rodea … Y permitir que llegue alguna nueva comprensión. ¡La que sea!

Este es el último escrito de esta serie que llamé cucharadas de confianzamiento. Si los inicios fueron difíciles, este momento todavía lo es más. Porque nos encuentra cansados, sin respuestas y con una incertidumbre abrumadora.

Es la hora de mirar qué podemos aprovechar de lo antiguo, de vaciarnos de aspectos que ya no sirven y soltar pensamientos e ideales que no van en la dirección del momento. Afuera ya no hay el mundo que habíamos dejado en depósito. Hasta aquí la parte del desastre. En positivo, hemos aprendido cosas valiosas de nosotros y de los que nos rodean, de nuestra resiliencia, de lo que es importante y lo que no. Quizás ahora sabemos que para vivir y ser felices necesitamos mucho menos de lo que pensábamos. Es momento de reinventarnos.

Empezamos la desescalada. Sigue siendo importante revisar las fuerzas para toda una bajada que no sabemos dónde lleva y todavía guardar un poco para sostenernos cuando llegue la comprensión de lo que tendremos que construir.

¡Muchos ánimos y mucha suerte! Os comparto unos apuntes-valores que a mí me ayudan en estos momentos:

  • Rendirnos es una palabra extraña que puede tener un lado positivo. Cada uno sabrá cual. Para mí, tiene que ver con la renuncia a la vida tal como la esperaba. En la rendición se abren puertas a la creatividad y al cambio.
  • Son momentos de duelo. Para empezar, por las personas que nos han dejado. Por los ritos de despedida que hemos echado tanto de menos estos días. También por muchos ideales, propios y sociales, que se han agrietado sin remedio. Aceptar este duelo y su tristeza durante un tiempo como compañeros de viaje, nos puede ayudar.
  • Reconocer las heridas de nuestro niño interior que aún suplica al padre gobierno y a la madre sanidad que nos pongan a salvo del miedo a la enfermedad y la muerte. ¡Démosle espacio! Aquí os recuerdo el rincón de sentir con que empezaron estas cucharadas de confianzamiento. ¡Dejemos que el niño se exprese!. Mezcladas con la queja y el miedo, el niño tiene muchas respuestas en forma de disfrute, creatividad y capacidad de maravillarse que nos harán mucha falta.