abrazar el sufrimiento

Tercera cucharada: abrazar el sufrimiento

Abrazar el Sufrimiento

Tercera cucharada de “Confianzamiento”


Deseo que estéis bien y anímicamente fuertes para continuar atravesando todo este movimiento en el que nos encontramos. Son días en que todos hacemos lo que podemos y debemos valorarnos mucho como personas y como colectivo.

Me llega el sufrimiento y el desgaste que estamos viviendo. Conozco muchas personas que tienen un familiar que no se encuentra bien, que está ingresado o que ha muerto.

También siento el sufrimiento intenso que están viviendo los profesionales del entorno hospitalario: médicos, enfermeros, camilleros, personal de limpieza, administrativos y un largo etcétera. Sufrimiento debido al número de personas que atienden, de los tratamientos, del miedo al contagio, de la gestión del estrés, de las directrices cambiantes bajo las que trabajan…

Pero el sufrimiento también lo generan aspectos económicos, el sentirse confinado solo en casa, la dificultad de encarar un montón de situaciones impensables hace apenas unas semanas y que ahora hay que afrontar. En especial, me llega el sufrimiento en las personas mayores, a quien de pronto se les abre un futuro incierto y desesperanzado. Cito sólo algunas circunstancias que tengo más presentes estos días porque estoy más en contacto por teléfono o mail pero todos sabemos que hay muchísimas más.

No es nada fácil dejarnos sentir el dolor y todavía cuesta más cuando los cambios son inesperados y afectan tantos aspectos de nuestra vida.

Cuando tampoco tenemos previsión de cómo seguirán y cuando a menudo nos encuentran lejos de nuestra red de apoyos afectivos. Incluso vemos alterados o nos sentimos privados de los rituales sociales habituales que nos aportan una importante sensación de seguridad.

Sufrimiento y dolor podrían ser sinónimos. Para mí, sufrimiento tiene un componente neurótico, es decir, lo amplificamos con los pensamientos que pueden llegar a ser obsesivos en determinados momentos. Lo que nos explicamos va alejando nuestra percepción de la realidad haciéndola aún más inhóspita. A menudo, este proceso mental tiene la función de evitar entrar en contacto con una emoción difícil de sostener como puede ser el dolor. El dolor es punzante y agudo pero se puede atravesar. Mi experiencia es que puede ser muy intenso pero una vez atravesado, se va dejando un poso de serenidad. Con el dolor no hay nada que sanar.

El dolor es inherente a la vida. Sólo quiere ser sostenido, abrazado, vivido.

Me impactó, años atrás, cuando conocí el monje vietnamita Tich Nhat Hanh. Conocía su biografía y algunos de los hechos traumáticos que había vivido en contacto con el dolor. Me impactó como nos hablaba de ello. Decía que el problema con el sufrimiento no era el sufrimiento en sí sino nuestra dificultad en acercarse y convivir con él.

Nos explicó cómo acompañarnos a sentir el dolor. Estos días tengo muy presentes aquellas imágenes y sus palabras. Os las quería compartir:

  • Cerró la mano izquierda en un puño bien apretado y nos dijo que imagináramos que aquella mano cerrada representaba el dolor. No sólo tu dolor o el mío sino el dolor en el mundo. A mí aquello me resonaba porque vivía el dolor, o el sufrimiento, como una experiencia de tensión y compresión física.
  • Con la mano derecha y la palma bien abierta, nos mostró cómo envolver el puño cerrado de la mano izquierda. Este gesto de las dos manos sobrepuestas, una abrazando la otra, simbolizaban el abrazo al sufrimiento.
  • Después acercó las dos manos entrelazadas de este modo al pecho y nos invitó a respirar juntos.

Aquí volvería a recordar la sugerencia del “rincón de sentir” del que os hablaba en las primeras «cucharadas de confianzamiento». Con las manos apoyadas en el pecho y en una posición que nos resulte cómoda para relajarnos, empezamos a respirar para entrar en contacto con el dolor y el abrazo que lo permite.

Prefiero no ofreceros comentarios de lo que puede pasar cuando os acompañéis de esta manera. La respuesta a la experiencia posible es infinita. Si estáis sufriendo, os hará bien.

Avalokiteshvara es el bodhisattva de la compasión. Tanto si eres budista como si no, es un mantra que llega. Cuando lo escucho cantado por la comunidad de monjes y monjas de Tich Nhat Hanh se me abre el corazón y algo se rinde dentro de mí. Os paso un link de una versión larga. Los hay más cortos en youtube.

Sed compasivos con vosotros mismos. Con los que os rodean, también. Esta es una actitud nutritiva que necesitamos en estos momentos.

Me puedes escribir por mail a rosamontells@gmail.com. No responderé personalmente. Me servirá para estar en contacto y para nutrirme también de vuestros feedbacks. Intentaré recogerlo en nuevas cucharadas si me parece que puedo compartir algo que sume.