gestionar la rabia

Cuarta cucharada: Gestionar la rabia

Gestionar la Rabia

Cuarta cucharada de “Confianzamiento”


Ahora que ya hace un mes que nos encontramos en esta situación de confinamiento es un poco extraño que os hable de establecer una rutina diaria. Muy probablemente ya la tenéis instaurada. La rutina aporta estructura y límites y al mismo tiempo, es aconsejable que sea flexible y apta para ser revisada cuando detectamos que algo ya no tiene sentido o que necesitamos algún ingrediente extra.

Hace días que quería hablaros de la importancia de las rutinas durante el confinamiento, pero aprovecho hoy que me encuentro en plena fase de revisión de la que he intentando ir siguiendo estos días. En esta rutina, yo necesito un espacio para la limpieza física y del espacio que me rodea. No todo el mundo es igual de estricto o de laxo en estas cosas, pero un mínimo de limpieza de sábanas, por poner un ejemplo, hace que nos sintamos más cómodos y ordenados en el caos que nos rodea.

Dejo para más adelante hacer algún comentario sobre las comidas y la alimentación en tiempo de confinamiento, pero no quiero dejar pasar la ocasión para subrayar que en esta rutina diaria es conveniente un espacio para la actividad física. Sin excusas. Es imprescindible estirarnos, respirar profundamente, abrir el pecho y articular las bisagras. En caso contrario, nos vamos quedando de cartón piedra y no os lo recomiendo. Tanto da si saltas a la comba, subes y bajas escaleras, limpias las baldosas de la cocina, haces steps o yoga o movimiento con conciencia. Bueno, no es exactamente lo mismo pero es muy, muy importante mover el cuerpo y respirar.

Tener personas a tu cargo, teletrabajar o estar agotado no son excusas. Busca un tutorial de la disciplina que menos te disguste o ponte música y baila. En youtube he encontrado vídeos incluso para hacer ejercicio sentado en una silla.

Y sí. En esta rutina también hemos hecho un espacio para habitar nuestro rincón de sentir. ¿Os acordáis? Hemos ido transitando por el miedo y el dolor, por la angustia. A momentos seguramente también por el agradecimiento. Todo ello resulta una buen coctel y no nos queda más remedio que dejarnos impregnar por él.

Hoy os quería preguntar también por la energía de la rabia o del enfado. ¿Cómo lo lleváis? ¿La notáis? A menudo son emociones que tendemos a juzgar como negativas y preferimos evitarlas.

Confundimos la agresividad con la violencia y ante la duda, acabamos bloqueando una energía que no sólo es sana sino que necesitamos para avanzar.

De entrada dejo claro y subrayo que nunca, nunca jamás es legítima la violencia. No es lícito agredir a una persona ni física ni verbal ni emocionalmente. Cuando leáis estas palabras estoy segura que os vendrán a la mente imágenes de violencia de género, racial o situaciones dónde la violencia es descargada sobre personas más débiles. Pero este no es el caso del que nos ocuparemos hoy.

La situación que estamos viviendo estas semanas es probable que nos ponga contra las cuerdas en determinados momentos. Nos hace contactar con la impotencia, el sin sentido y la injusticia. Por no hablar del ahogo o la desesperación.

Que levante la mano quien no haya sentido nunca la rabia subir por las venas. Nos ha pasado, nos pasa y nos seguirá pasando a la gran mayoría. Tener sentimientos de rabia o agresividad no es malo. Es incluso recomendable, constituye un buen motor para reunir el coraje suficiente para afrontar situaciones de necesidad que de otro modo no podríamos resolver.

Disponer de un mapa corporal de cómo es nuestra rabia, cómo se expresa, qué necesita y cómo podemos reconducirla en beneficio propio y de los que nos rodean, es fundamental.

Quien ha elaborado este mapa es muy difícil que agreda nadie, esta comprensión funciona como un antídoto. Este es un clásico que trabajamos durante las sesiones de terapia pero en situación de confinamiento, por si os hace falta, os lo cuento …

Aunque, como con cualquier otra emoción, aparentemente existe una causa “fuera” que nos despierta toda esta energía, creedme, esto no es cierto. Estaréis mucho mejor situados si podéis aceptar, aunque sea un poco, que cuando alguien hace «A», aunque parezca que me despierta la emoción «B», en realidad «B» ya existía en mí. De hecho, esta emoción «B» suele ser un escenario que visitamos con frecuencia, cada uno según su carácter. Si, como en el caso que nos ocupa, «B» es mucha rabia:

  1. Avisad a los de casa. Que no sufran, que no tiene nada que ver con ellos, que quizá escucharán ruido durante un rato.
  2. Os vais a vuestro rincón de sentir y os rodeáis de almohadas o cojines. Ojalá fuera un saco de boxeo pero si no, unos cuantos cojines o un colchón servirán. Protegeros! Si veis que os podéis hacer daño en las manos, buscad unos guantes.
  3. Tomad una almohada y dedicaros en cuerpo y alma un buen rato a golpearlo, sacudirlo, patalearlo. No ahorréis gritos ni exabruptos, el objetivo es vaciar el tanque. No es necesario ser justos ni honestos en esta ocasión. Con tanta contención y confinamiento todos tenemos mucha energía acumulada que nos hará bien liberar.
  4. Si en lugar de poneros agresivos os da por llorar o temblar, también será fantástico.

Sentirnos amorosos quizás llegará después. O de pronto, tal vez os deis cuenta que necesitabais algo concreto que habíais pasado por alto, o que necesitáis repensar los límites o las rutinas que habíais establecido para estos días. O que tenéis alguna cosa pendiente con alguien que queréis comunicar... Estará genial.

Como hacer para comunicarnos con los de casa cuando hay conflicto, lo dejaremos para otro día.

¡Que estéis bien!

Me puedes escribir por mail a rosamontells@gmail.com. No responderé personalmente. Me servirá para estar en contacto y para nutrirme también de vuestros feedbacks. Intentaré recogerlo en nuevas cucharadas si me parece que puedo compartir algo que sume.