Mindfulness: Naturaleza y Consciencia Plena

Mindfulness Consciencia Plena

Mindfulness: Naturaleza y Consciencia Plena

No es sencillo encontrar tiempo en nuestro día a día para abrirnos al momento presente. Con suerte, encontramos un rato para practicar la meditación pero luego el ruido de los requerimientos externos nos engulle sin remedio. Es difícil mantener un espacio de regreso donde recordar que somos algo más que el montón de exigencias que nos plantea la vida moderna…

La naturaleza nos ofrece muchas oportunidades para parar y recordar quiénes somos practicando Mindfulness o Consciencia Plena. El reto es convivir con los pensamientos de una manera en que podamos sentir la belleza de lo que nos rodea.

La naturaleza es cambio, al igual que cambia nuestra existencia aunque, a veces, pretendamos inmovilizarla. Observar la naturaleza nos ayuda a comprender la impermanencia que experimentamos de una manera mucho más profunda que a través del intelecto.

Sentirnos el cuerpo practicando algunas asanas de yoga sobre la tierra húmeda puede ser una oportunidad para soltar tensiones y preocupaciones. La tierra es una madre que acoge lo que nos sobra y lo recicla.

Caminar en silencio sobre el camino que asciende puede permitirnos descubrir el diálogo entre los pájaros. Cuando el pensamiento nos aleja del presente, el sonido de la rama que cruje nos devuelve a las sensaciones que nos ofrece el escenario que nos rodea.

Poco a poco podemos recuperar esa capacidad de maravillarnos de cuando éramos niños y experimentar una alegría profunda. Y es aquí, en esta experiencia de apertura que empezamos a comprender la interrelación entre las cosas.

Al abrazar la encina y notar su corteza rugosa en la mejilla reconozco el sol y la lluvia que la han ayudado a crecer, veo los restos del incendio que sufrió, siento las raíces inmensas que la nutren, me abro a compartir la energía de otras personas que también la han abrazado en el transcurso de cientos de años…

Del mismo modo que abrazo la encina comprendo que la mejor forma de convivir con esta emoción que quizá emerge de mi interior y me hace sufrir es también abrazarla. Me puedo permitir la propuesta de aprender a transformar este dolor emergente en algo que me alimente.

El campanario del pueblo señala las horas y aprovecho para dejarme invadir por la vibración que moviliza el espacio. Vuelvo a recordar que mi misión, aquí y ahora, es observar, tocar, oler y percibir mi respiración, con los pies sobre la tierra. Miro los compañeros y me invade una sensación de confianza, todos intentamos hacer lo mismo, me siento parte. Esto me da paz.

Es la hora de comer y saco el picnic que he preparado esta mañana antes de salir de casa. Comemos en silencio y puedo saborear las texturas de mi comida y los gustos tan sutiles que la conforman. Me siento agradecida por poder estar aquí nutriéndose con ese comida…Cualquier cosa que sucede, se transforma en una ocasión para practicar Mindfulness y Consciencia Plena.

Antes de partir nos proponen una corta meditación contemplando la montaña. Inspiro y sé que estoy inspirando, expiro y sé que el aire sale de mi cuerpo. Dentro y Fuera. Inspiro y me veo como la montaña, expiro y me siento sólida. Monte, sólida…Sentir es responder corporalmente al mundo que nos rodea y está sucediendo continuamente.

Esta capacidad de conmovernos es la dimensión humana. Ser humanos significa tender puentes entre la tierra y el cielo, entre la forma y el vacío, entre la materia y el espíritu.

Me voy con un fuerte sentimiento de serenidad interior y con la confianza de que puedo volver a mí, de mil maneras posibles. La naturaleza es mi aliada.

Agradedezco a Lama Tashi Lhamo y a Tich Nhat Hang sus enseñanzas.

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