menys jo i més nosaltres

Menos yo y más nosotros

Aún con la sensación de que necesitamos descubrir alguna carta desconocida. Con la crisis de fuera que sacude la vida tal y como la teníamos prevista y la crisis interior que no nos deja otra salida que enfrentarnos al sin sentido.

Pretender salvarnos resulta un gasto energético que ya no podemos sostener. Desconozco en qué punto del proceso de desgaste nos encontramos pero ya no nos resulta tan difícil soltar las cosas que no encajan.

Tocamos la rendición y el dejar que suceda. Transitamos por el MIEDO a la enfermedad, al desgobierno, a las contradicciones sanitarias, a la pérdida de libertades, a las necesidades afectivas y de movimiento, a la situación laboral, el aislamiento de las personas. Nos sentimos a menudo también adolescentes, empresarios, niños, trabajadores en paro y ancianos. Y ensayamos eso de no ser invulnerables.

Suena raro esto de rendirnos. Sabemos que no se trata de someternos. Sabemos que algo más profundo se cuece en dejarnos transformar por la situación: vivir los duelos por todo lo que ya no será, abrazar las contradicciones internas y animarnos a acompañar lo que se agrieta en nosotros y también en lo que nos rodea.

La vida ha entrado en aceleración y esta tecnología que tenía que hacer las cosas más sencillas lo ha complicado todo hasta puntos inimaginables. La digitalización lo convierte todo en inmediato y urgente. Los estímulos se multiplican y cada vez es más difícil poner límites a la vida personal y privada. La sensación es de aturdimiento y de estrés. También de falta de sentido.

De repente, han cambiado las normas de la vida colectiva y es francamente difícil orientarnos para satisfacer las necesidades humanas de contacto y socialización. A momentos, parecería que vivimos en un mundo amenazador en el que los otros pueden convertirse en un riesgo.

El miedo es el denominador común en las conversaciones cotidianas. Para algunos puede ser el miedo al contagio, la enfermedad y la muerte. Para otros, la caída económica o la conjura del poder. ¡Tanto da! En cualquiera de los casos corremos el riesgo de ser arrastrados por esta psicosis colectiva del miedo. Y no hay nada peor que el miedo al miedo.

Esta crisis deja una huella psicológica profunda en las personas que la estamos viviendo. Sin impacientarse, porque las respuestas no llegan rápidas, nos conviene contactar con nosotros e irnos preguntando qué sentido le queremos dar a la vida en estos momentos. Porque esto SI depende de nosotros.

A pesar de las dificultades y el cansancio, es importante una actitud interior determinada. Determinada a recuperar el coraje para actualizar / renovar un Sí a la vida cada vez que lo perdemos. Un Sí a investigar qué nos gusta, qué podemos soltar, que nos nutre, que queremos dar, que queremos compartir, en que queremos poner nuestras ilusiones y esperanzas. Culpar a los demás, las autoridades, las farmacéuticas, los que no cumplen las reglas, no ayuda. Termina desconectándonos de nosotros y disminuyendo la energía que necesitamos para transitar por la situación.

Podría decir que no sé hacia dónde hay que avanzar pero en realidad sí sé algo. Tiene que ver con sentirnos parte, bajar el ritmo y los juicios. Ser menos yo y más nosotros.


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